¡Al agua patos! …Y cocodrilos, anacondas y demás bichos raros…


Buceando en el Mar Rojo.Llevaba tiempo pensando en ello y aquí estoy, con una entrada “refrescante” en la que os quiero recomendar tres de los baños más alucinantes que os podéis pegar por el mundo adelante. Tres baños llenos de aventura, naturaleza y muchísimas emociones. ¡Mis tres baños favoritos! Por lo menos, de momento…

Los voy a ordenar cronológicamente, respetando el orden en el que los realicé, del primero al último. Y para que veáis que no me amilano con cualquier cosa, empezamos fuerte. Nada más y nada menos que con el río más largo, caudaloso, ancho y profundo del mundo: el Amazonas.

La Amazonía, en general, es uno de los parajes más ricos que he conocido. Tuve la suerte de ir una primera vez en Perú, a una zona llamada “la Selva de los Espejos”, dentro de la Reserva Natural Pacaya-Samiria. Aquella vez fui de vacaciones en familia y pese a disfrutar del río como nadie -recuerdo un gran paseo en canoa-, me quedó una deuda pendiente: meterme en el Amazonas.

Así que puse todo mi empeño en regresar y lo conseguí tres años después, en 2005. Mi segunda experiencia amazónica, tal y como quería, fue bastante distinta. Los mil días de espera valieron la pena y aproveché al máximo esa segunda oportunidad que yo mismo me había brindado. Esta vez no podía desaprovecharla.

En aquella ocasión fui a Ecuador, a la Estación de Biodiversidad Tiputini, acompañado de un nutrido grupo de alumnos de periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta historia es genial, pero muy larga de contar ahora mismo, así que lo resumiré en que fui dentro del proyecto de periodismo, viaje y aventura Tahina Can. Pero vamos al baño, que es lo que interesa…

En el Amazonas

Durante casi una semana disfruté de lo que es la vida en la selva, aprovechando los momentos de ocio para hacer lo mismo que la gente de la zona: zambullirme en el río. En pareja, en solitario o con una veintena de personas, puedo decir que me ha bañado lo que he querido dentro del río más grande del Planeta. Bueno, en un pequeño afluente, pero en el río al fin y al cabo.

La experiencia es curiosa. El río es de un marrón tan oscuro que a penas ves lo que pasa a un dedo de profundidad, pero ahí estás, como si de cualquier otro río se tratase. Una vez sobrepasas el asco inicial y borras de tu cabeza todas aquellas películas horribles de anacondas, pirañas y demás bichejos; te dejas llevar. Recuerda que la gente de allí lo hace continuamente y seguro que no se han topado con una serpiente de dos metros en su vida… o a lo mejor si…

Chapuzón De todos modos, creedme: es divertido. Pensar que estás metido en aquella inmensa masa de agua, rodeado de sabe dios cuantas especies animales y vegetales. En medio de la nada. No sé vosotros, pero a mi a veces me encanta hacer un zoom imaginario como en el Google Earth y darme cuenta de que estoy en un lugar lejano que hasta ese día solo había visto en un mapa ¡es genial!

Así que animaos. La experiencia es única y no creo que haya mayor problema que una rama despistada -en el Amazonas hay muchos árboles sumergidos- o un tapir que nada desesperadamente para alcanzar la otra orilla. Y la pregunta del millón: ¿hay pirañas? SI, pero esta más que comprobado que solo atacan cuando hay sangre. Es más, he de admitir que nosotros nos bañamos en un sitio donde previamente las habíamos estado pescando y aquí estoy, con mis 20 deditos.

También vi cocodrilos, pero más bien de noche y agazapados en las orillas, bajo un grueso manto de barro ¿No os dáis cuenta que somos los reyes de la Jungla? Solo hay que tener un poco de cuidado, como en todos lados. Como diría una experta en moda: el baño en el amazonas es un Must.

Ni rastro del Cocodrilo del Nilo
Así que una vez roto el bautismo de fuego, y comprobado que un cocodrilo en su sano juicio nunca se acercaría a un grupo de gente chapoteando o una embarcación motora, me fui a por el segundo baño: el Nilo, el río sagrado de Egipto.

Si te has bañado en el Amazonas, el Nilo es un juego de niños; eso sí, a ambos hay que tenerles respeto por ser dos ríos enormes y con unas corrientes muy fuertes. No hay peligro de ahogamiento, pero si de que te arrastren y te lleven al quinto pino. El Nilo es un río completamente distinto, pero con otro paisaje de escándalo, rodeado a ambas orillas de una frondosa vegetación que destaca con lo árido de las montañas.

Con unos amiguitos en el ambarcadero de la Isla ElefantinaNo me extraña que lo llamaran el río de la vida, porque eso es lo que desprende en cada kilómetro por el que pasa alimentando a una tierra yerma a escasos metros. En Egipto TODO gira a su alrededor. Una forma extraordinaria de recorrerlo es en felucca, la tradicional embarcación de madera que con tan solo una vela lleva más de dos mil años surcándolo.

El baño en el Nilo es sosegado, ayuda a sobrellevar las altas temperaturas del país e invita a observar la gran variedad de habitantes que tiene, especialmente pájaros. Estar metido en el Nilo sin ver pasar un ibis flotando a la deriva es casi imposible. Sin embargo, afortunadamente, yo no vi ni rastro del popular Cocodrilo del Nilo. Menos mal…

Un niño jugando en el NiloAdemás, y aunque parezca raro, a orillas del Nilo existen multitud de “playas” o islas con arena en las que puedes ver a muchos beduinos bañándose y pasando una jornada de lo más divertido. Nadie se extraña por ver llegar a un par de turistas y, con suerte, hasta puedes hacer amigos y jugar con los niños de la zona. Doy fe.

Mar Rojo: viviendo dentro de tu propia pecera
El último de los baños del que os quiero hablar, también fue en Egipto, en la península del Sinaí, y fue sin duda el mejor de todos hasta el momento. La verdad que fue sin premeditarlo, casi sin saber exactamente que me iba a encontrar; pero el Mar Rojo no defrauda. No me extraña que Jacques Cousteau se quedara prendado: ¡si es como vivir en tu propia pecera!.

No os voy a hablar de submarinismo porque ni lo he practicado ni pensé, en su día, que Egipto fuese el mejor sitio para iniciarme en tan noble arte. No hace falta. Con algo tan simple como unas aletas, un tubo y unas gafas, se abre ante ti un mundo nuevo de posibilidades. Puedes ser el protagonista de tu propio documental de La 2. Y por un precio irrisorio: 1 o 2 euros. Increíble.

Snorkeling en DahabMi experiencia con el snorkeling fue una de las cosas más “apasionantes” que he hecho en mi vida. Fue en Dahab, uno de los templos del submarinismo de la zona, en un lugar que la gente llama ‘Three Pools’. El paisaje es increíble: montaña desértica, una playa polvorienta y el mar. En la orilla solamente unos puestecillos, con esterillas y cojines en los que te tomas una consumición como excusa para que cuiden tus cosas.

Te tienes que meter en el agua por el sitio que indica allí un pequeño cartel. No se puede pisar la barrera de coral …”¿coral? ¿qué coral?”, pensé. Y ahí estaba. En dos segundos se abre una profunda fosa y estas flotando sobre un inmenso abismo. Al girarte sobre tu eje, una pared inmensa de coral, con la mayor gama de verdes, ocres, violetas o rojos que te puedas imaginas (en la foto de arriba me puedes ver, minúsculo, tras la barrera de coral). Y lo mejor: ¡millones de peces!

Una submarinista viendo un pez payasoNo sé cuantos distintos vi, quizás cientos, pero no podía parar de mirarlos. El estandarte, el globo, el gato, el ballesta, el cirujano, el cofre, el león, el loro, el murciélago; he leído por ahí que existen casi mil especies diferentes de pececillos de colores en el Mar Rojo, y cada cual más pintoresco y con un nombre más raro. Además, también hay mantas, rayas o morrenas; incluso tortugas. Todo lo que te puedas imaginar que vive debajo del mar…¡pues más!

Dos peces estandartePero sin duda mis favoritos fueron dos: el pez Picasso, absolutamente cubista y con su característico “antifaz”, y el pez payaso. Siiiiiiiiii… si me tengo que quedar con un recuerdo de mi paso por el Mar Rojo es ese momento buceando a pulmón hasta encontrarme cara a cara con el pez de ‘Buscando a Nemo’. ¡Qué gracioso, por favor!

Así que ya sabéis, no lo busquéis más. Nemo viven en el Mar Rojo, concretamente en Dahab y por lo a gusto que se le veía, no tiene pinta de que esté pensando en abandonar el lugar. Seamos sinceros, yo tampoco lo haría…

¡Nos vemos pronto!

P.D: las fotos del Mar Rojo no son mías, son de mi amiga Cecilia. Argentina, bióloga, estupenda fotógrafa y mejor persona, la conozco casualmente desde que coincidimos hace casi 4 años de viaje por Marruecos. Si la memoria no me falla nos vimos por primera vez en Fez pidiéndonos un mapa y una semana después estábamos durmiendo en el desierto del Sáhara bajo la luz de las estrellas…jejeje…¿interesante, no? ¡Esa es otra historia!

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5 respuestas a ¡Al agua patos! …Y cocodrilos, anacondas y demás bichos raros…

  1. susana dijo:

    Quiero ir a bañarme ya!!!!! Pero me quedo con la opción de Dahab y de buscar a Nemo ¡a mi los ríos me dan mucho yuyu… y ya si son tan oscuros y caudalosos, ni te cuento!!! :)

  2. Papa dijo:

    como te lo montas tio

  3. Papa dijo:

    Bueno en el Peru te bañastes en la piscina del Amazonas, recuerdas, ademas de comer el picante mas picante del mundo el CHARAPA

  4. Alba dijo:

    Jaimillo, que quieres que te diga…eres un crack!! Da gusto leerte porque se nota que disfrutas contando y compartiendo historias de tus viajes que tanto te curras siempre. Un placer poder caer por aquí de vez en cuando para captar ideas pensando en futuros viajes.
    Un biquiño ;-)

  5. jaimegprado dijo:

    Alba, Susana, papá…¡no sabéis la ilusión que me hace que me comentéis! Muchas gracias. Esto me anima a seguir viajando y contar cosas. Además de lo bien que lo paso recordando vivencias, si sé que ayuda a una sola a persona a decidirse por un destino ¡objetivo conseguido!

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