Chiang Mai: Un masaje solidario… ¡y carcelario!


Preparados para nuestro Masaje ¡vaya pintas!

Preparados para nuestro Masaje ¡vaya pintas!

En cualquier viaje por Tailandia, programado o por libre, seguro que Chiang Mai aparece como parada obligada. La segunda ciudad de Tailandia, situada a unos 700 km al norte de Bangkok, es uno de los centros neurálgicos de la cultura tailandesa y cuenta con una rica y destacada gastronomía propia. Los tailandeses la llaman La Rosa del Norte.

Sin embargo, a pesar de su popularidad, pocos saben que en esta ciudad recoleta uno puede disfrutar de uno de los mayores placeres que la cultura tailandesa ha legado al mundo: el masaje. Y no me refiero a un masaje cualquiera, sino a uno ÚNICO, “AL” masaje.

Mi propuesta es el Centro de Masaje de la Cárcel de Mujeres de Chiang Mai, donde las propias reclusas ofrecen fantásticos masajes corporales y podales, como parte de su programa de reinserción social. ¡Si, si, lo que habéis oído! Nos lo recomendaron en nuestra guesthouse y fue un acierto total.

Se trata de internas a las que les quedan menos de seis meses de condena. Con esta iniciativa, además de enseñarles un oficio, se las ayuda económicamente, puesto que todo el dinero que recaudan en ese tiempo va a parar a un fondo que se les entrega al salir y que sin duda contribuirá a su reinserción social.

Los masajes corporales valen 180 bath (4,5 €) y duran una hora. También hay posibilidad de hacerse la versión podal por 150 bath (4 €) y alguna que otra oferta, dependiendo de la temporada. Tan solo hay que presentarse allí entre las 8.30 y las 16.30 h. y pedir la vez ¡a la mujer policía que hay en la puerta! No reservan, así que si vais temprano y tenéis suerte puede que entréis en el momento, si no, tocará esperar…

El centro de masajes no está en la propia cárcel -tranquilos-, está enfrente, en una pequeña casita de madera de más de cien años de antigüedad. Así lo anuncia un cartel. Al entrar te atiende una señorita que te acompaña hasta los vestuarios para que te cambies. Ellas te facilitan una camisa y pantalón flojos, perfectamente lavados y planchados, con los que estar cómodo durante la sesión de masaje. Luego, como es normal en este tipo de rituales, te lavan los pies escrupulosamente con agua tibia.

Una vez listo, pasas al salón propiamente dicho. El ambiente es muy agradable: luz en penumbra, ventiladores refrescando la estancia, hierbas aromáticas y camas con sábanas muy blancas y limpias. Tu masajista se acerca y ¡empieza la experiencia! Insisto: una hora de masaje por poco más de 4 euros. Una ganga.

El masaje tailandés es un masaje de estiramiento y profundidad, cuerpo a cuerpo, una especie una coreografía en la que los límites entre el placer y el dolor -ligero- se diluyen suavemente. Hay que saber que no usan aceites -eso es “otro tipo” de masaje-, sino alguna pomada herbal, como el Bálsamo de Tigre, originario de Birmania y que sirve, entre otras cosas, para aliviar dolores musculares.

El resto os lo podéis imaginar. Una hora de reloj en el que de los pies a la cabeza, literalmente, todos tus músculos y articulaciones son masajeados y activados… ¡una pasada! Cuando acabas, te cambias y te ofrecen un té verde para ponerle la guinda “zen” al pastel. Se paga al salir, a la guardia, y si se quiere se puede dejar una propina en la Tip Box, que es común.

La razón de porqué los masajes de esta cárcel de mujeres son tan buenos nos la contó el dueño de la guesthouse en la que nos hospedamos: “Al estar internas, se pasan el día estudiando y practicando unas con otras; por eso es tan profesional, el masaje tailandés conlleva muchas horas de estudio y dedicación”.

Así que ya sabéis, una experiencia única en pleno centro de Chiang Mai y por un precio irrisorio. Además, estaréis contribuyendo con una muy buena causa, ya que ellas ganan experiencia laboral y un dinero que, seguro, les vendrá muy bien para empezar una nueva vida. Si llegáis y os dicen que hay que esperar, os podéis acercar a la tienda y la cafetería del recinto, donde también se venden artículos de costura y repostería hechos por las propias internas.

Bueno, espero que este sea uno de los muchos consejos que pretendo daros para que disfrutéis lo mismo o más de lo que lo hicimos nosotros en nuestra aventura por Tailandia. ¡Nos vemos!

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